Paula abrió los ojos con dificultad. Miró a esos hombres tendidos en la arena.
Se estremeció de miedo, y escuchó esa voz de nuevo, entonces la reconoció, por fin supo quién era.
Era Norman Uresti.
—Estás a salvo —dijo con voz grave y firme.
Paula no tuvo tiempo de reaccionar.
Él la cargó entre sus brazos, y la llevó consigo, dejando atrás esa escena horrible que antes parecía tragarla.
Paula se sentía débil, mareada, solo cerró los ojos.
***
No recordaba cuánto tiempo pasó hasta que volvió a ab