—¡¿Qué?! ¿Un hijo?… ¿Alicia… espera un hijo mío? —la voz de Javier se quebró, y sus ojos se abrieron con una mezcla de incredulidad y espanto.
Dio un paso atrás, como si la noticia fuera un golpe invisible que lo empujara.
Sintió un vértigo extraño, una presión en el pecho que lo dejó sin aire.
Por un instante, las paredes parecieron cerrarse sobre él, y la habitación se volvió más pequeña, más oscura.
«Siempre soñé con tener un hijo… pero con Paula. Y ahora… ahora estoy atrapado en esta pesadil