Viena llegó a esa casa con una furia contenida, una tormenta de emociones que la consumía por dentro. Cada paso que daba hacia la entrada era un eco de su angustia, un recordatorio del dolor que había enfrentado.
Al abrir la puerta, se encontró con el hombre que había sido su primer y único amor, pero también su carcelero. Estaba en el salón, y su presencia la llenó de rabia.
Sin pensar, se lanzó contra él como una fiera herida, su corazón latiendo con fuerza, impulsado por una mezcla de amor y