Augusta respiró hondo, tan hondo que sus pulmones parecían querer estallar.
Cada fibra de su cuerpo estaba impregnada de ambición y rencor.
El aire en esa oficina se sentía pesado, denso, cargado con la electricidad de una decisión que sellaría más de un destino.
Por un instante, su mente se llenó de recuerdos: cada sacrificio, cada maniobra cruel, cada palabra manipuladora que había lanzado como flechas a lo largo de los años para llegar justo hasta ese lugar.
Su alma ya no conocía el peso de l