Paula debía acudir al hospital.
Ya casi tenía treinta y siete semanas de embarazo, y esa era su última cita médica antes de que sus pequeñas llegaran al mundo.
Se arregló con lentitud, acariciando su vientre prominente como si buscara transmitir calma a esas dos vidas que se movían dentro de ella.
En el fondo, sentía miedo. Un miedo sordo, constante, que no lograba callar ni con rezos ni con pensamientos positivos.
Esperaba a Norman, pero él no aparecía. Había prometido acompañarla, pero ahora e