Paula la miró con un desprecio helado, los ojos fríos como el acero. Su voz sonó más cortante que cualquier cuchillo.
—Hazlo… pero antes, ¿por qué no haces una prueba de ADN? Prueba que ese hijo sea de Javier, porque estoy segura de que es falso.
Alicia se quedó paralizada.
Un escalofrío recorrió su espalda y sus ojos se abrieron de par en par, llenos de horror y desconcierto.
Durante un instante, su mundo pareció detenerse.
Luego reaccionó como una fiera acorralada: se lanzó hacia Paula, con la