Adanna
—Iker, no lo hagas… —le dije a la nada mientras caminaba en este lugar oscuro.
No veía a nadie, pero percibía su olor. Sabía que él estaba ahí. Y mi loba, dentro de mí, me incitaba a que le dijera que no lo hiciera, que se detuviera.
Las lágrimas me mojaban las mejillas y aquel lugar estaba muy frío.
De repente, vi una luz. Mientras más me acercaba, más claro se volvía el panorama.
Era una habitación. La misma que Iker y yo habíamos decorado antes de nuestra unión… esa que nunca llegó.