Iker
Música, luces coloridas, algarabía, mucha comida, murmullos. Todos celebraban y lucían alegres —entre comillas—, pero yo sabía que también había cierta confusión en el gentío que, en ese momento, bailaba, cantaba, comía y bebía a nuestro alrededor.
Estaba seguro de que muchas de sus conversaciones se trataban del nuevo chisme, de lo que habría pasado; preguntándose por qué estaba Isa a mi lado y no Adanna, mi verdadera pareja.
—¿No vas a comer nada, amor? —me preguntó Isa, melosa. ¿Desde c