Adanna
El dolor era insoportable. No obstante, el frío que empezó a recorrerme me estaba anestesiando y, poco a poco, mi conciencia se fue desconectando de mi cuerpo.
Todo a mi alrededor se volvió lejano.
Podía escuchar los pasos de los guerreros que me perseguían. Percibía los temblores en la tierra provocados por los caballos, los gritos y las órdenes de Iron.
También podía escuchar el sonido relajante de la corriente del agua, el canto de los grillos y la serenidad del bosque en la noche, in