—¿Qué? —preguntó Clara con evidente asombro.
—Lo que oíste. Decidí ir a verlo. —repitió con firmeza.
A pesar de que Anastasia se había repetido una y otra vez que no iría y que no volvería a dejarse engañar por Sebastián Duarte, su corazón llevaba varios minutos desobedeciéndola.
Necesitaba escucharlo, no porque estuviera dispuesta a perdonarlo ni porque creyera una sola palabra de aquella carta sino porque necesitaba mirarlo a los ojos y ver si era capaz de mentirle esta vez.
Dejó esc