Jacobo permaneció inmóvil observando cómo Clara se alejaba por el camino de tierra. Esperó hasta que su silueta desapareció entre los árboles. Solo entonces levantó lentamente la mano y rozó sus propios labios con la yema de los dedos.
Una sonrisa pequeña, casi involuntaria, se dibujó en su rostro.
Hacía mucho tiempo que un beso no lograba desordenarle tanto los pensamientos.
Negó suavemente con la cabeza, como burlándose de sí mismo.
—Vaya… —murmuró entre dientes—. Nada mal para ser una ca