En cuanto Clara tomó el camino que conducía a la mansión, Anastasia se quedó completamente sola.
Sus lágrimas brotaron de forma incontenible. Estar allí, en el mismo lugar donde su sueño de llegar a ser ganadora del máximo trofeo en equitación se sepultaron para siempre, resultaba doloroso y difícil.
Aquel lugar estaba lleno de fantasmas y recuerdos. El olor a pasto seco, los caballos relinchando desde las caballerizas, el roble dando sombra a una de las tribunas donde su padre se sentaba a