Excesivamente perturbador...
Cuando finalmente cesó la tormenta, Sebastián se acercó a Anastasia.
—Creo que ahora sí podremos salir.
Ella asintió.
Antes de marcharse, volvió la mirada hacia Rocinante y le acarició una última vez la frente.
—Eres el mejor, Rocinante. Nunca lo olvides.
Apoyó su frente contra el hocico del animal. Rocinante emitió un suave resoplido y frotó la cabeza contra su mano, como si comprendiera cada palabra.
—Estoy lista. —suspiró cansada.
Sus ojos seguían hinchados por el llanto.
Sebastián