A la mañana siguiente, Clara subió a la recámara de Anastasia con el desayuno, golpeó suavemente la puerta.
—¿Señorita Anastasia?
Esperó unos segundos, mas no obtuvo respuesta alguna. Frunció ligeramente el ceño aunque le resultó un tanto extraño, ya que la noche anterior se veía mucho más tranquila.
Después de todo lo ocurrido en las caballerizas, pensó que tal vez estaba cansada y seguía dormida. Decidió no molestarla. La sirvienta bajó nuevamente y continuó con sus labores.
Sin embargo