Temblando y no de frío...

Minutos más tarde llegaron a la mansión.

Nuevamente Sebastián se hizo cargo de llevar a Anastasia hasta su dormitorio, mientras Clara regresaba con uno de los empleados a las caballerizas para buscar la silla de ruedas.

—Regresaré pronto, señorita.

—Está bien, Clara.

Sebastián se inclinó para acostarás en la cama. Anastasia temblaba de frío. Él miró alrededor y vio una toalla colgada en uno de los percheros. Fue directamente hasta allí y la tomó. Luego regresó, se sentó cuidadosamente
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