Cuando Sebastián salió de la habitación de Anastasia, fue directamente al área de lavandería. Necesitaba quitarse el barro antes de marcharse.
Abrió el grifo del lavadero y comenzó a enjuagarse las manos. Luego se pasó agua por el rostro y trató de limpiar las manchas de lodo que todavía cubrían parte de su camisa y sus vaqueros.
Estaba terminando cuando escuchó unos pasos detrás de él.
—¿Pensabas irte sin despedirte?
Sebastián levantó la vista.
Emma se acercó a él, aún llevaba la ropa de