Milán/Italia.
Era una mañana oscura, fría y tormentosa, el tiempo perfecto para que un demonio como lo era Donato estuviera de regreso, había cumplido con la tarea que su hermana le había impuesto, no había nada que fuera difícil para él, se había encargado de los rusos, en su rostro se podía ver el cansancio.
Sus hombres lo esperaban, en la salida del aeropuerto, mientras que Donato caminaba hacia los autos, Bruno acechaba a Enzo.
—El jefe ha regresado, lo mejor es que digas la verdad sobre el paradero de la señora Leticia, si esto se trata de un juego te aseguro que lo único que está en juego es tu vida —dijo Bruno mientras observaba a través del rabillo del ojo a Enzo.
—No tengo nada que ver con esa mujer ni con su desaparición, eres tú el único responsable de su paradero, estaba contigo, tú la dejaste escapar, así que quien tiene la vida en juego eres tú —respondió Enzo mostrándose seguro de sus palabras.
Enzo abrió la puerta del auto permitiendo que su jefe ingresada, ajustó l