Milán/Italia.
Era una mañana oscura, fría y tormentosa, el tiempo perfecto para que un demonio como lo era Donato estuviera de regreso, había cumplido con la tarea que su hermana le había impuesto, no había nada que fuera difícil para él, se había encargado de los rusos, en su rostro se podía ver el cansancio.
Sus hombres lo esperaban, en la salida del aeropuerto, mientras que Donato caminaba hacia los autos, Bruno acechaba a Enzo.
—El jefe ha regresado, lo mejor es que digas la verdad sobre e