El silencio fue el mejor aliado para Donato, todos los pensamientos se alinearon; llevaba horas respirando con dificultad fingida, dejando que su cuerpo colgara inerte contra las correas.
Había observado el turno de los guardias, sus gestos descuidados, el aburrimiento que los volvía lentos, seguramente Leticia ya los tenía hartos con sus exigencias.
Donato cerró los ojos, llenó de oxígeno sus pulmones para luego dejar de moverse, su cabeza cayó hacia un costado, con gran esfuerzo hizo que su r