Ha desaparecido.

Donato perdió la cabeza, estiró los brazos, tomó a Bruno por el cuello y estrelló su cuerpo contra el auto, respiraba con fuerza como si hubiese corrido una maratón.

—¿Dónde está Leticia? —preguntó Donato entre gruñidos.

—Señor, todo surgió de repente, la culpa es mía, la perdí de vista y desde entonces no hay ni el más mínimo rastro de ella, juro que la he buscado por todos lados, pero es como si sé la hubiese tragado la tierra.

Donato sacó la pistola y colocó la boquilla en la mitad de sus cejas, su mirada fría se fijó en la suya.

—Bruno, eres hombre muerto si no das con el paradero de mi esposa.

—Eres mi primo, haz que mi muerte no sea dolorosa —respondió Bruno resignado a su destino.

—¿Cuándo desapareció?

—Te juro que desde aquel día en que desapareció no he dejado de buscarla ni un solo minuto —Donato le propinó una fuerte bofetada causando que cayera al piso.

—Vamos, todos a buscar a mi esposa, el tiempo corre nuestra contra, solo espero que no haya caído nuevamente en las
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