Ha desaparecido.
Donato perdió la cabeza, estiró los brazos, tomó a Bruno por el cuello y estrelló su cuerpo contra el auto, respiraba con fuerza como si hubiese corrido una maratón.
—¿Dónde está Leticia? —preguntó Donato entre gruñidos.
—Señor, todo surgió de repente, la culpa es mía, la perdí de vista y desde entonces no hay ni el más mínimo rastro de ella, juro que la he buscado por todos lados, pero es como si sé la hubiese tragado la tierra.
Donato sacó la pistola y colocó la boquilla en la mitad de sus