La noche cayó, era oscura, fría, solitaria y silenciosa; Fiorella se encontraba sentada en medio de la sala, los ojos estaban inflamados de lo mucho que había llorado, a pesar del cansancio no quería ir a la cama.
Extrañaba con todas sus fuerzas a Donato, a su hijo, aquellos días donde compartió junto a ellos, las sonrisas y palabras bonitas hacían que estuviera viviendo un sueño.
Donato siguió las instrucciones que le brindó Leticia, estacionó el auto cerca al puerto, sentía mareo, esperaba a