Una semana más tarde.
Debido a los resultados que Fiorella brindaba en la empresa se ganó la admiración de Owen, con cada día que pasaba los clientes crecían, al igual que la magnitud de sus pedidos.
Fiorella había dejado el bastón, sus heridas físicas habían terminado de sanar, disfrutaba trabajar en la empresa que con tanto sacrificio y esfuerzo construyó, pero aquello que vivió en Italia se apoderaba de los momentos felices causando que en su rostro solo hubiera tristeza.
En las noches despertaba gritando, se sentía perseguida, nuevamente los golpes caían sobre ella, el sabor de la sangre en su boca y la estremecedora noticia de la muerte de su bebé hacía que la vida de Fiorella fuera un completo tormento.
Unos cuantos golpes a la puerta interrumpieron las labores de Fiorella, ella sin retirar la mirada de la pantalla indicó que avanzara.
La puerta se abrió, se trataba de Owen, en su rostro traía aquella sonrisa que lo caracterizaba.
—Por lo visto no te has dado cuenta de la hora,