Los días transcurrieron, la convivencia entre Donato y Fiorella se había convertido en un campo de batalla, miradas de odio y desprecio salían de él como si ella fuera su peor enemigo.
Donato no cruzaba palabras con ella, todo se lo hacía saber a través de Bruno, ante los rechazos por parte de Donato Fiorella optó por darle espacio, permanecía en su habitación dejando que el tiempo transcurriera como si ella no existiera.
Desde la distancia ella lo observaba, negar u ocultar lo que ella sentía por Donato era imposible; aún lo amaba y con las mismas fuerzas, en ocasiones solo deseaba lanzarse sobre él y abrazarlo.
Fiorella añoraba sentir sus labios sobre los suyos, las caricias de Donato eran medicina para aquella soledad que la estaba destruyendo.
Su vientre crecía, siendo difícil para ella pasar por alto que el tiempo al lado de Donato se estaba acabando, fueron días tristes, las lágrimas a diario hacían presencia en su rostro.
Bruno bajo las órdenes de Donato simplemente observab