Fiorella se encontraba sentada al lado de la barra de la cocina disfrutando de una taza con fruta en trozos, había pasado una de sus peores noches, el embarazo hacía que no pudiera estar cómoda.
A la distancia escucho que Donato estaba de regreso, ella ni siquiera se molestó en levantarse, las discusiones eran cada vez más fuertes, por más que ella intentaba hacer que aquella relación funcionara, Donato cada día se esforzaba para que todo fuera una mierda.
En aquella ocasión Fiorella lo único que buscaba era estar tranquila, terminar su plato y luego descansar un poco en el patio trasero.
Los plazos fueron directo hasta donde ella se encontraba, Fiorella rodó los ojos, sabía que lo que se vendría sería una discusión más, a través del rabillo del ojo Fiorella observó la presencia de Donato.
—¿Cómo te enteraste? —preguntó Donato con un tono de voz seco y rudo.
—¿Disculpa? —Fiorella se giró y fijó la mirada en él.
—Basta de juegos estúpidos —Donato lanzó el plato al piso, arrebató el c