Luego de aquel fogoso momento, Donato acomodó los pantalones en su lugar, y desde luego su traje; Fiorella con el cuerpo tembloroso se levantó del escritorio.
Acomodó su vestido, recogió las bragas y con las piernas temblorosas se acercó a Donato, colocó su ropa íntima dentro de su bolsillo y luego besó la comisura de sus labios.
—Recuerda que solo eres mío, me importa muy poco que seas un desgraciado, te quiero solo para mí —habló Fiorella entre dientes fijando la mirada en la suya.
—Solo f