Donato una vez que llegó a la villa descendió, sus pasos eran largos, en su rostro se podía notar la gravedad de aquello que se vendría. Nada sería agradable para él.
Con la mirada buscó a Fiorella, la presión que caía sobre él era tanta que estaba yendo directo al límite; sus acciones tendrían que ser contundentes sin importar las consecuencias que trajeran.
Fiorella se encontraba sentada en la barra de la cocina disfrutando de un vaso con helado, sus dedos fallaron, el cubierto cayó.
Fiorella se levantó, dando pasos cortos caminó hacia él; colocó las manos en su brazo y él la empujó.
—¿Qué sucedió?, ¿por qué traes esa cara? —Donato la ignoró—. Espera te estoy hablando —Fiorella se aferró con fuerza de su brazo impidiendo que pudiera continuar.
Donato se dio vuelta, conectó su endemoniada mirada con la suya, un fuerte y largo gruñido salió de él; no deseaba tener contacto con Fiorella y menos luego de lo que había sucedido.
—Estás sucio y traes la ropa cubierta de sangre... ¿Por q