El martillo golpeaba, Fiorella continuaba tirando del gatillo resuelta a terminar con su desgracia, pero ni un solo proyectil salió de la pistola.
Donato llevó la mano hasta su bolsillo, mientras observaba fijamente a Fiorella le mostró el proveedor, de un solo movimiento arrebató la pistola, colocó el proveedor en su lugar y luego llevó la pistola hasta su cintura.
—Desde el primer momento en que te vi supe que ante la más mínima oportunidad lo terminarías haciendo... Mírame Leticia, no soy un tonto —Donato avanzó, la tomó del cuello y la apretó.
»Solo yo tengo el poder de decidir cuando mueres, tú solo eres una insignificante ficha en este juego —Donato con la mirada indicó a sus hombres que la llevaran dentro de un auto.
Donato y su gente se dirigieron al sepelio de Francesco, él se ubicó al lado de su esposa, mientras que iban de camino Fiorella solo le brindaba miradas cargadas de desprecio.
—¿Lo disfrutas?
—Como nunca antes —respondió Donato.
—¿En algún momento de tu vida lle