Altivez

A lo largo del día Fiorella permaneció encerrada en su cuarto, gracias a sus padres ahora era una flor triste y marchita siendo arrasada por los caprichos de los demás.

Llevó la mirada al reloj se acercaba la noche, el cuerpo de Fiorella temblaba al pensar que nuevamente estaría cerca de Donato.

Con un enorme vacío en el pecho Fiorella se alistó para salir, sobre su cuerpo llevó uno de los vestidos de su hermana Leticia, sentada frente al tocador se esforzaba para que las lágrimas no dañaran el maquillaje que cubría su rostro triste.

La puerta de la habitación se abrió, su madre ingresó, dando pasos cortos fue directo a ella, tomó un cepillo para luego pasarlo sobre el cabello de Fiorella.

—Hay momentos que surgen de manera imprevista en la vida, pero aún así debemos ser fuertes y enfrentarlos sin importar si estamos preparados o no, ese es nuestro destino —habló su madre con un tono de voz roto.

—¿Momentos imprevistos? —preguntó Fiorella observando a su madre a través del espejo—. Nada de eso mamá, tú y papá me trajeron con engaños, y bajo presión estoy cumpliendo su voluntad, soy la única afectada en toda esta situación.

—Hija... Tu padre al igual que yo estamos preocupados por tu integridad...

—Si estuvieran preocupados ya hubiesen encontrado a Leticia —La interrumpió—. Aunque ella tampoco merece recibir este castigo que ha caído sobre mis hombros, todo por el irresponsable de mi padre.

—Hija, te agradecemos por lo que estás haciendo, sé fuerte y trata de resistirlo —Fiorella gruñó ante sus palabras.

—No sé por cuanto más pueda soportarlo, esta noche me reuniré con la familia de Donato, no tengo ni la más mínima idea de como debo actuar, el más mínimo error hará que esas personas se quieran deshacer de mí, por ende tú y papá también terminarán muertos.

—Señora Alessandra, lamento mi interrupción, me acerco para informar que unos autos han llegado, unos hombres solicitan la presencia de la señorita Leticia.

—Diles que ya sale —ordenó la madre de Fiorella.

—Las únicas personas que saben que eres Fiorella somos tu padre y yo, esfuérzate en hacerles creer que eres Leticia, nuestras vidas están en tus manos.

— Lo sé mamá, créeme que lo sé —respondió Fiorella levantándose de un solo movimiento mostrándose molesta.

Fiorella salió de la habitación dando pasos largos, al llegar a la entrada principal uno de los hombres abrió la puerta del auto personal de Donato.

Los autos salieron a toda prisa, Fiorella bajó el cristal de la ventana, el aire golpeaba contra su rostro, una extraña sensación en su pecho hacía que fuera imposible poder estar tranquila.

Por la cabeza de Fiorella solo pasaban sucesos trágicos, desde el principio Donato le había hecho creer que a su lado lo único que podría obtener sería caos y dolor.

Mientras tanto, en el interior de la propiedad de la familia De Luca, Donato se dirigió a la oficina de su padre, acomodó su traje y dio unos cuantos golpes a la puerta.

—Adelante —indicó la voz ronca de su padre.

Donato avanzó, ajustó la puerta, la mirada se dirigió hasta el lugar donde se encontraba su padre.

—Padre, aquí me tienes, para que me hiciste llamar con tanta urgencia, nos hubiéramos podido reunir con el resto de la familia —su padre soltó una densa bocanada de humo.

—Hijo, mi buen muchacho, mi más grande orgullo —Donato beso sus mejillas—. ¿Cuándo será tu boda, cuándo pondrás un nieto en mis brazos?

Donato soltó un gruñido ante sus palabras, dio unos cuantos pasos y tomó una botella de licor, sirvió en un vaso y bebió de un solo sorbo.

—Aunque estoy llevando a cabo tus deseos, te recuerdo lo mucho que me molesta y que estoy en desacuerdo con esa ridícula idea —entre gruñidos Donato le hizo saber su desacuerdo.

—Donato, hijo... Si te hago este tipo de peticiones es porque te aprecio, no quiero que te quedes solo por el resto de tu vida, una esposa a tu lado y unos cuantos hijos correteando en tu casa hará que veas la vida de otra manera.

»Te condicione tu lugar en nuestra familia por tu bien, en el fondo de mi corazón estoy completamente seguro que eres el candidato perfecto para ocupar mi lugar, pero antes quiero verte feliz con tu esposa y tus hijos.

»El negocio familiar en tus manos no podría estar mejor, de igual manera necesito advertirte, tú más que nadie sabe lo mucho que se ha esforzado la familia Mancini para acabar con la nuestra, en tus manos hay una gran responsabilidad.

»Hijo, quiero que asumas el papel de protector, como lo hice por largos años, más que hombres armados a tu alrededor necesitas el amor de tu familia, porque sin él no llegarás a ningún lado.

Las palabras de Vittorio cargadas de sabiduría y experiencia hicieron que Donato lo escuchara con atención.

—Pronto será mi boda y te aseguro que en tus manos tendrás a tu nieto —Vittorio colocó la mano sobre el hombro de su hijo y asintió levemente.

—Sé que no me defraudarás, nunca me he equivocado al pensar que eres el futuro de esta familia —Donato abrazó a su padre y él besó su mejilla.

Unos golpes a la puerta interrumpieron, Vittorio indicó que avanzaran; se trataba del hombre a cargo de la seguridad de Vittorio.

—Señor, el resto de su familia ya se encuentra en la propiedad, ¿qué ordena?

—Haz que se reúnan en la sala, debemos tratar un tema importante antes de ir a la mesa —ordenó Vittorio y él asintió.

»Vamos con el resto de la familia, este tipo de reuniones hace que todos los problemas se dispersen, ver a la familia reunida es un premio, un regalo que el destino nos da —agregó aquel hombre mayor.

Mientras tanto, Fiorella debido a su mala situación no había tenido tiempo para poder dormir con tranquilidad, en el transcurso del viaje logró conciliar el sueño.

—Señora, señora...

El conductor llamó a Fiorella en repetidas ocasiones, hasta que finalmente logró hacer que despertara.

—¿Qué sucede? —preguntó desubicada.

—Señora, hemos llegado —Fiorella espantó la mirada observando a través del cristal la imponente propiedad de la familia De Luca.

Fiorella descendió del auto, uno de los hombres le indicó que avanzara; con cautela ella llevaba la mirada a su alrededor, encontrar una posible ruta de escape era lo más absurdo que podía existir.

El ambiente se sentía tenso, habían suficientes autos adornando aquella enorme entrada, sin hablar de la exagerada cantidad de hombres armados por doquier.

—Bienvenida —un tono de voz ronco y desafinado que provino desde la parte de atrás hizo que ella se detuviera.

Fiorella entre cerró los ojos, aquel tono de voz hacía que toda su piel se petrificara, respiró con fuerza y giró sobre sus talones.

Ahí estaba nuevamente él, Donato, con un traje oscuro ajustado a su cuerpo mostrando imponencia, poder, peligro y sensualidad.

—Vamos, la familia espera —indicó Donato con aquel tono de voz frío que lo caracterizaba.

Donato se acercó a Fiorella, caminó a su alrededor detallando minuciosamente su cuerpo. Se detuvo detrás de ella recostó su cuerpo contra el suyo causando que la respiración en Fiorella se tornara tensa.

—Esta noche la pasarás en mi cuarto, entre mis brazos tendré tu cuerpo desnudo, besaré tu boca y tu cuello hasta que me canse... Te cogeré una y otra vez hasta que quedes saciada

Aquellas palabras sin filtro hicieron que Fiorella sintiera asco, apretó sus labios resistiendo no derramar más lágrimas de las que habían salido por su culpa.

Donato la tomó del cuello y la besó con arrogancia, devoró sus labios entre mordidas y movimientos bruscos.

Fiorella simplemente cumplía con estar presente, su mente y su corazón estaban dispersos para soportar aquel castigo que estaba viviendo al lado de Donato.

—Señor Donato, su padre solicita su presencia en la sala —interrumpió el hombre de confianza de su padre.

—Acaso no te das cuenta que estoy ocupado, si me vuelves a interrumpir en una próxima ocasión te daré una bofetada con la pistola, date por bien servido que pasaré por alto esta insolencia —entre gruñidos Donato se dirigió a aquel hombre.

Fiorella simplemente observó aquella situación, sin duda alguna su futuro esposo era el demonio en persona, vestido con traje oscuro y cargado de calor entre sus pantalones, quien no tenía respeto ante nadie.

—Ya oíste, nos esperan en la sala, date prisa —Donato tomó la mano de Fiorella y la llevó hacia el interior de la propiedad.

Fiorella conservó en su interior el dolor, la presión y el miedo, con gran esfuerzo en su rostro dibujó una leve sonrisa, en sus manos estaba la vida de sus padres al igual que la suya.

Fiorella sabía que debía esforzarse para encajar en aquella familia, sin importar la clase de personas que fueran, su destino y su futuro estaban al lado de Donato sin importar lo que ella quisiera.

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