Narrado por Eryon
La sangre me sabe a hierro.
No sé si es mía o de Alaric. Tal vez de los dos.
Alaric no se mueve como un lobo.
Se mueve como algo que se burló del lobo.
Cada golpe que lanza viene con un peso extraño, como si la oscuridad misma lo empujara. Y cada vez que lo miro, no veo a un simple exiliado. Veo al monstruo del que mi padre hablaba con rabia contenida. Veo al hombre que, en historias, era solo un nombre que debía olvidarse.
Pero no se olvida lo que te arrancó la infancia.
Bard