El invernadero está detrás del ala principal, oculto entre muros altos y puertas de vidrio con seguro. No es bonito. Es demasiado perfecto. Como si todo ahí dentro tuviera reglas.
Don Alaric camina lento, apoyado en su bastón, pero sus ojos siguen atentos.
—Aquí es donde confío mi vida —dice sin mirarme—. No en médicos. No en pastillas. En esto.
Abre la puerta con una llave antigua y el olor me golpea de inmediato: tierra húmeda, hojas machacadas, flores fuertes, resina.
Miro alrededor y se me