Narrado por Eryon
Me pongo las pulseras de oro en las muñecas.
Pulseras que utilizan solo los Alfas, que representan poder y orgullo.
No las necesito para pelear. Las necesito para recordar quién soy cuando todo lo demás se me ha ido.
Salgo al balcón un momento. Levanto la vista.
La luna llena está demasiado brillante, demasiado limpia. Como si el cielo no supiera lo que va a pasar.
Golpean la puerta.
—Adelante.
Entra Darius, mi nuevo jefe de betas.
—Mi Alfa —saluda, y no pierde tiempo—. Selara y Kaleb ya fueron expulsados.
No muestro nada. Ni alivio, ni culpa.
—¿El muro?
—Refuerzo doble. Guardia constante. Además… —hace una pausa— se les colocaron pulseras de alerta. Si intentan cruzar hacia nuestras tierras, sonará la alarma.
Asiento.
—Bien.
Darius inclina la cabeza.
—También hay orden de captura inmediata si vuelven a pisar el límite.
—Que se cumpla.
Cuando se va, el silencio queda pesado, como si el castillo respirara mal.
Dos minutos después, Brenna toca.
—Mi Alfa… ya lo espe