Narrado por Eryon
No estaba dormido del todo.
Mi cuerpo descansaba, pero mi mente seguía alerta, como si esperara un ataque incluso dentro de mi propia cama. Desde que la “Luna” resultó ser una humana, el castillo dejó de sentirse mío. La noche dejó de ser un lugar seguro.
Un crujido.
Luego otro, más leve, cerca de la puerta.
Abrí los ojos de golpe.
El aire cambió. Un olor conocido, cargado, dulce. Perfume. Seda. Intención.
Sentí el colchón hundirse.
Alguien se metió en mi cama.
Me incorporé con violencia, listo para arrancar gargantas… y la vi.
Selara.
Su cabello suelto, su piel perfumada, una bata abierta lo suficiente para que la provocación fuera obvia. Sus ojos brillaban como si no hubiera pasado nada. Como si yo no hubiera intentado ejecutar a una impostora por culpa de ella.
—¿Qué haces aquí? —gruñí.
Ella sonrió como si mi rabia fuera un juego.
—Vengo a cuidar lo que es mío —susurró, y se pegó a mí—. Vengo a recordarte que sigo siendo tu esposa.
La palabra esposa me cayó como u