Mundo ficciónIniciar sesiónLouis siempre se había considerado inferior a su hermano gemelo Raylin y algo que no lograba entender, era como sus vidas eran tan diferentes, aunque vivieran bajo el mismo techo. No era nada más que la sombra del omega más deseado de toda la manada. El hermano defectuoso. Alguien sin valor. Raylin era una preciosidad, su piel casi blanca como la nieve, sus ojos color esmeralda; brillantes. Su cabello dorado que caía por encima de sus ojos y ni hablar de su aroma, pues su olor a jazmín y menta, atraía hasta el último alfa soltero de la manada. Al contrario de su hermano, Louis poseía un olor a whisky y madera, olor que para todos a su alrededor era desagradable. Aunque tuvieran el mismo rostro, había algo que, a parte de sus aromas, diferenciaba a los hermanos Throne y eran sus ojos, pues Louis había nacido con unos ojos azules, tan azules como el cielo despejado.
Leer másEl bullicio de la muchedumbre golpeaba sus oídos con fuerza, al parecer a nadie le importaba que se encontrará enfermo, la servidumbre parecía tener demasiado trabajo aquel día, pues había sido obligado a abrir sus ojos a causa de tanto ruido. Suspiró aún recostado en la cama, su frente yacía cubierta de sudor y su garganta se sentía demasiado seca.
— M-M****a.. —musito mirando hacia la mesa de noche al lado de su cama, pues el vaso de agua yacía vació.
Observo hacia la puerta de su habitación, podía ver movimiento bajo la puerta ¿Acaso había sucedido algo? Al parecer todos se encontraban apresurados, no tenía las energías suficientes para ponerse de pie e ir por un poco de agua, no con la fiebre que tenía desde hace dos días.
Louis Throne. Omega. 18 años.
La manada Casta del Norte era su hogar, vivía entre enormes árboles y montañas, algo que realmente no le molestaba, porque cuando discutía con sus padres huía a su lugar favorito en medio de las montañas, ese era el único motivo por el cual le gustaba vivir ahí.
Louis, odiaba todo lo demás.
Odiaba a sus padres por no amarlo, odiaba a el resto de la manada por siempre menospreciarlo, odiaba a su hermano gemelo por ser el centro de atención y se odiaba a si mismo por haber nacido.
— Tendré que ir a buscar un poco de agua —murmuro con su garganta ardiendo.
Sus pensamientos solían ser destructivos, no había ni un solo día donde se sintiera realmente bien, pues su propia compañía era lo único que tenía en la manada. No tenía amigos, no contaba con el apoyo de nadie y podía asegurar que había olvidado como era reír de alegría desde hace muchos años atrás. Reunió las pocas fuerzas que tenía y se sentó en la cama, sus pálidos pies tocaron el suelo haciéndolo temblar un poco, se frotó la piel erizada por el frío que sintió y se puso de pie.
Después de todo, necesitaba un poco de agua.
Llevaba enfermo alrededor de cuatro días y la fiebre no había querido irse completamente, no pudo decirle a su madre sobre su estado, aunque realmente a la omega no le interesaba nada que se alejará de Raylin, así que comentarle sobre su salud, sería algo totalmente en vano.
Al abrir la puerta, la luz del día cegó su vista completamente. ¿Como es que el sol se encontraba tan brillante afuera? Era lo que se preguntaba.
— Señor Raylin ¿Se encuentra bien? —preguntó una de las sirvientas de la casa, su expresión preocupada lo hizo sentirse un poco confundido.
— ¡Hana! —otra sirvienta se acercó con expresión horrorizada— Ese no es el señor Raylin —cuchicheó tomándola del brazo— Discúlpela joven Louis —murmuro haciendo una reverencia— No volverá a ocurrir.
Observaba como ambas sirvientas se alejaban a pasos apresurados y aunque siempre sucedía, no lograba acostumbrarse a que lo confundieran con su hermano. Suspiró y empezó a caminar a la dirección contraría, debía ir por un vaso de agua y conseguir algo de medicina.
Su padre, Joseph Throne; era el alfa de la manada Casta del Norte, no permanecía en casa por mucho tiempo y eso a Louis le podía importar poco. Su madre Emilda Throne, al quedarse siempre en casa, se encargaba de la manada, pues al ser la omega del alfa, su palabra y poder no era refutable.
La cocina se encontraba vacía, se preguntaba donde se encontraban los cocineros de la casa, restándole importancia busco un vaso en los gabinetes y camino hacia el lavaplatos.
— ¿Viste al joven Raylin? Es demasiado guapo.
— ¡Lo sé! Me siento orgullosa de poder trabajar en esta casa y poder ver a tan precioso omega —respondía.
La servidumbre acostumbraba a murmurar ese tipo de cosas y si, Louis estaba muy acostumbrado.
— Raylin, querido. Necesito que te encargues de seleccionar al centinela que se encargará de protegerte.
— Mamá, sabes que eso no es necesario. Puedo defenderme solo —el rubio se quejaba.
— Ya llegas a una edad donde cualquier alfa puede atacarte ¿Acaso quieres eso? No lo olvides por favor, que sea un alfa si es posible.
Ambos omegas abandonaron la casa, sumergidos totalmente en su conversación.
Y si se lo preguntan de nuevo, sí. También estaba acostumbrado a ser ignorado.
Con el vaso de agua en su mano decidió dirigirse de nuevo a su habitación, no tenía pendientes y llevaba ausente ya una semana en el instituto, solo esperaba que no recurrieran a una suspensión, sino su madre tendría otro motivo para decepcionarse de él.
— Oh joven Louis —hablaron a su espalda cuando estuvo a punto de ingresar a su habitación— Su madre me pidió que le avisará sobre la cena esta noche. Se realizará en la casa principal.
— ¿Cena? —preguntó confundido el rubio.
— Si, recuerde que el alfa Throne regresa a la manada hoy —asintió— La cena es para darle la bienvenida.
— No creo poder asistir —murmuro.
— Su madre solicitó su presencia de manera obligatoria —comento apenado.
— Esta bien, Leol —suspiró— Estaré ahí.
— En unos momentos le entregó su traje —el beta hizo una reverencia— Con su permiso.
Sabía que su presencia en la dichosa cena de su madre no era importante, la manada actuaba como si el rubio fuera invisible y aquello lo irritaba. Odiaba las cenas que organizaba su madre, pues siempre invitaba a lobos de otras manadas y Louis, debía soportar los cuchicheós y las miradas de curiosidad, sabía perfectamente lo que todos murmuraban.
Y lo odiaba.
Odiaba ser, el gemelo no deseado.
Leol Yensen . Beta. 23 años.
El único sirviente de la casa que lo trataba de manera “normal”, también, el único sirviente con el que había sostenido una conversación de más de treinta segundos. El beta le agradaba, su piel morena era preciosa y ni hablar de aquellos hoyuelos que se dibujaban en sus mejillas, Louis lo había observado a lo lejos y aunque sabía que Leol se encontraba enlazado con otro beta, no podía negar que era guapo.
Se adentró a la oscuridad de su habitación, pues las cortinas yacían cerradas de par en par, impidiendo que cualquier rayo de luz se infiltrará en su dormitorio. Las únicas cuatro paredes donde se podía sentir cómodo y donde infinitas veces, lloró, sintiendo todo el peso de ser la vergüenza de la familia Throne.
Nathan pensaba en el error que había cometido contra su propia manada; su familia. ¿Cómo iba a dar la cara a su padre? ¿A Erick? ¿A su pequeño hermanito?... ¿A su omega? El plan que tenía al momento de separarse de Damian, había fracasado completamente.— ¿Tienes idea de lo que hiciste? —Raylin murmuraba a lo lejos— Harás que el plan fracase ¿Eso quieres?— No tenía otra opción.— ¿Qué le diré a Nathan ? —se escuchaba preocupación en su voz.— Necesito tener a ese omega a como de lugar —era la voz de Gerald, convencido, seguro— No descansaré hasta no hacerlo.— ¿A qué omega? —preguntó acercándose.Luego de haberse marchado junto a Raylin, su “espectáculo” lo tenía con la conciencia hecha un desastre. Su plan de seguirle la corriente al omega había resultado bien, pues este le había prometido no lastimar a su manada y retirarse pacíficamente en cuanto se fueran juntos.— Pero miren a quién tenemos aquí —vocifero— Al grandioso Harris Nathan ~El aspecto del alfa era un desastre— Gerald
El cielo gris los acompaño en su llegada a la manada Sur, del alfa líder Harris; su nueva familia.Los pasos lentos y seguros de su amigo le daban intriga ¿Qué iban a encontrar? ¿Cuál sería el escenario? Era todo incierto y aunque su alfa ocupaba sus pensamientos, así como también su corazón, la familia Harris era su preocupación.— Parece estar todo más calmado —murmuro Damian.Aunque las señales de una pelea eran notorias, el sonido de la lluvia era lo único que podían escuchar en ese momento.— ¿Se abran retirado o se fueron para llegar con más refuerzos?— No lo sé, pero será mejor que nos apresuremos —sugirió el alfa— Podemos llevar a la ciudad a los más heridos.Rezaba internamente para que Malcom y la señora Harris estuvieron bien, tan pronto como divisaron la pequeña cabaña del comité a la distancia, fueron interceptados por cinco centinelas dispuestos a atacar. Ojos rojos encendidos por la ira de ser invadidos, rostros oscuros por la suciedad y la lluvia.— ¡Yah! —Leol vocife
Odiaba su debilidad física, no saber pelear y defenderse, era lo que más odiaba en ese momento, porque lo necesitaba. De saber pelear, los hermanos Yensen y el, hubiesen partido hacia la manada Sur, pero no era el caso.— Encontré un arroyo, te traje un poco de agua —Leol le ofreció un termo, su rostro lucía agotado.— Yo he cazado un conejo —Damian enseño al animal.— ¡Ni loco me comeré ese conejo! —gritó horrorizado Louis.— Deberás —musito— Sino morirás de hambre.— Estás loco Damian —gruño— No me comeré a ese pobre animal, prefiero solo beber agua.— ¿Qué comías en la manada? —preguntó dejando al animal muerto en el suelo— Créeme que los concejos son los alimentos básicos de las manadas, ciervos, cerdos, incluso ardillas.— Estaba mejor sin saberlo, gracias —apretó los dientes.— Te lo pierdes —bufó con burla— Más para nosotros.— Tienes muy poco tacto —Leol observo a su hermano sin expresión— Cocinarás esa cosa lejos de nosotros, es una orden.— Pero…— He dicho lejos.Mientras
Huir.Se encontraba de nuevo en la misma situación.Sus ojos pesaban y la velocidad de los pasos de Leol hacían que el frío del amanecer ocasionara temblor involuntario en su cuerpo. Estaba muriendo del frío o quizá, por haber sido rechazado por su alfa destinado.Luego de ver partir a Nathan, la manada vecina fue atacada.El alfa líder Harris les había ordenado a los hermanos Kim huir, así que lo tomaron en brazos y partieron rumbo al bosque, hacía un paradero desconocido.Su mente parecía nublada, era como una tormenta de arena en se cabeza y en sus ojos, sequía completa. La imagen de su alfa abandonándolo, el llanto de la señora Harris, los gritos de Malcom, toda una horrorosa escena.Pero se encontraba huyendo, aun cuando la manada del Sur había sido su hogar las últimas semanas, había dejado atrás a quienes lo habían acogido, quienes lo habían aceptado a pesar de ser defectuoso.— ¡Leol detente! —Louis sujeto con fuerza los hombros del alfa.El moreno ignoro su pedido.¿Cómo podí
Último capítulo