dos

En reflejo del espejo lo hacía sentir algo incómodo, pues el traje negro que vestía no resaltaba nada bueno de su aspecto. Pero ¿Qué más podía hacer? Faltaba un cuarto para las siete de la noche y la cena parecía haber iniciado desde hace unos minutos atrás.

Louis se mentalizaba a si mismo, se repetía constantemente que todo iba a estar bien, que nada malo sucedería, que pasaría desapercibido como siempre y aunque no estuviera ayudando, golpeó sus mejillas dejándolas ligeramente rojas y camino hacia la salida de su habitación.

Los aromas se mezclaban en el aire de manera ligera, esperaba no sentirse mareado nuevamente con el aroma de su hermano; Raylin. Pues era algo que siempre sucedía cuando se reunían en cenas como las de esa noche.

Mareado e irritado, así lo hacía sentir el aroma a Jazmín y menta de su hermano y no lograba entender el motivo.

— Joven Louis —Leol  apareció frente suyo de nuevo— La cena empezó hace un buen rato. Déjeme decirle que su padre no se encuentra muy contento.

El omega se quedó en silenció ante las palabras del pelinegro y luego de unos segundos, sonrió— No espero menos de ese señor —murmuro— Leol , quiero hacerte una pregunta.

— Si, joven —respondió haciendo una reverencia.

— ¿Por qué eres amable conmigo? —cuestiono— De todos los sirvientes que trabajan en esta casa, ninguno se dirige a mí de manera tan cordial y amable como lo hace usted.

— Joven, Louis —Leol  enderezo su cuerpo— Con todo el respeto que usted merece, desde que mis días en esta casa iniciaron, siempre lo he visto aislado —el moreno asintió— Parece tan solitario, tan abandonado... Pensé que lo mínimo que podía hacer por usted, era tratarlo con amabilidad, pues parecía que para su familia su presencia no era relevante. Quería al menos, hacerle sentir la amabilidad que su familia nunca le ha demostrado.

Sus palabras parecían ser como dagas punzando en su pecho, nunca imaginó escuchar palabras tan preciosas saliendo de la boca de un simple empleado y asintió. ¿Parecía abandonado? ¿Parecía solitario? ¿Como era posible recibir una pequeña muestra de cariño viniendo de alguien que no era su familia?

— Gracias, Leol  —el rubio suspiró— Aunque tus palabras no logren reconstruir mi corazón roto, las apreció con mi alma.

Con aquellas últimas palabras empezó a alejarse de Leol , quería evitar que él beta lo viera afectado por sus palabras. Porque Louis era alguien que odiaba mostrar sus emociones, era demasiado bueno ocultando su dolor y hasta ese momento, no había nada que lo hiciera cambiar.

El pasillo se encontraba vacío, limpió sus mejillas de manera ligera y empezó a bajar por las escaleras, al parecer todos se encontraban demasiado ocupados sirviendo en la cena. Tenía una sensación algo extraña en su pecho, no sentía ese horrible nudo en su interior y agradecía a Leol  por eso.

— ¿Ese es el joven Louis? —murmuraban a sus espaldas.

— Creí que no asistiría a la cena. Su padre no parecía feliz.

— ¿Creen que no puedo escucharlos? —preguntó girándome hacia ambos omegas— No soy invisible, aunque —sonrió— Para mi familia lo sea, sigo aquí, es obvio que puedo escuchar como murmuran sobre mí.

— Joven Louis, lo lamentamos —ambos hicieron una reverencia.

— No volverá a ocurrir...

— Lo sé —musitó— Tampoco es que pueda echarlos de esta casa, aunque muero de ganas de hacerlo.

Sus ojos se abrieron de par en par al sentir cierto aroma a jazmín y menta, un leve mareo recorrió su cuerpo y tuvo que dar un paso hacia atrás para no caer al suelo. Su hermano; Raylin bajaba las escaleras, su traje blanco; perfectamente planchado. Sus labios brillantes, tenía un leve delineado en sus ojos y se preguntaba en qué momento su hermano se había perforado las orejas.

Louis pensaba que su hermano era el ser más precioso y perfecto que sus ojos hayan visto, aunque lo odiará, aunque este lo ignorará. No podía negar lo hermoso y angelical que era Raylin ante sus ojos y luciendo aquel traje, reflejaba la pureza absoluta.

— Papá nos espera —habló deteniéndose frente a Louis.

— ¿Me hablas a mí? —preguntó con leve confusión.

— ¿A quién más sino? —Raylin puso una mano a sus labios para ocultar su sonrisa— Eres mi hermano ¿no?

— Primera vez en nuestros 18 años que lo recuerdas —bufó.

— Louis —el omega dio un paso hacia el de manera tímida— Intentemos llevarnos bien esta noche, es lo menos que podemos hacer por papá ¿Qué dices?

— Perdona —respondió apartándose de manera brusca— No tengo intenciones de hacer obras de beneficencia, menos a quien me considera la decepción de la familia.

— N-No digas esas cosas —menciono mirando disimuladamente a los sirvientes— ¿Qué dirá la servidumbre?

— Nada que no hayan visto —murmuro.

— ¡Raylin! —ambos omegas se giraron hacia la entrada de la cocina— ¿Qué haces aquí? Tú padre nos espera —su madre caminaba apresurada hacia el menor, ni una mirada, ni una palabra en dirección a Louis.

— Vine por Louis.

La mujer observo al omega mencionado de manera desagradable— No tienes que hablar con él, te lo he dicho infinitas veces.

Y si, Louis seguía de pie frente a su mamá y su hermano gemelo. Suspiraba ante las palabras hirientes de su progenitora, su hermano parecía un poco avergonzado, parecía querer disculparse. El ojiazul pensaba en lo absurdo que era toda esa situación, sabía perfectamente que su madre no iba a recibirlo con los brazos abiertos, pero entonces ¿Para qué había solicitado su presencia?

— Señora Throne—Leol  realizo una reverencia de manera respetuosa— El alfa Throne pregunta por ustedes.

— Gracias, Leol  —musitó la pelinegra— Andando, querido. Debemos saludar a los invitados, tú padre nos presentará a las centinelas seleccionadas para cuidarte. Asegúrate de elegir a un buen alfa.

Su madre continuaba murmurando consejos, hasta que estuvo lo suficientemente lejos para no escucharla. Sus pensamientos eran claros, necesitaba salir de ahí, quizá ir a esconderse a las montañas durante algunos días— No lo piense, joven —el beta soltó— Su padre me pidió que usted también asistiera, se ha enterado de sus faltas al instituto y no parecía muy contento.

El rubio giro sus ojos, iba a recibir un fuerte regaño, pero no podía culparse.

Enfermarse no era algo que el decidía.

Dio cortos pasos hasta encontrarse en la salida de la cocina, los aromas se mezclaban de manera leve, podía sentir el aroma de sus progenitores, incluso el aroma desagradable de su hermano. Cerro sus ojos, tratando de mentalizarse, aunque sería ignorado por el resto de la noche, solicitaban su presencia. De repente, un aroma a pino y lavanda inundo su nariz, su corazón empezó a palpitar de manera rápida, pero todo frente a sus ojos sucedía en cámara lenta.

Un alfa pelinegro pasaba frente a sus ojos y podía percibir que aquel exquisito olor provenía de él. Louis dio un paso adelante, su lobo lloriqueaba en su interior, pidiéndole que se acercará a aquel desconocido de tan delicioso aroma. Parecía hipnotizado.

— Oh Nathan , te estaba buscando.

— Alfa Throne, lamento la tardanza —hablo con voz ronca y grave.

Hasta su voz le parecía el sonido más hipnótico del mundo, todo a su alrededor parecía haber desaparecido.

— Quiero que conozcas a mi hijo, Raylin Throne.

Un sonido estruendoso invadió sus oídos, pues la burbuja creada por su lobo había estallado. Se encontraba frente a sus padres, su hermano sonreía preciosamente hacía el alfa de aroma a pino y lavanda.

— Mucho gusto, joven Raylin —el alfa extendió su mano— Me han hablado maravillas sobre usted.

— Hace que mis mejillas se enciendan —el omega estrecho su mano con las del pelinegro— Es un gusto conocerlo, señor...

— Nathan Harris —musito.

— Es un gusto, Nathan .

Y aunque sus manos ya no se encontraban entrelazadas, sus miradas permanecían unidas. Su lobo pareció sentir decepción, al parecer había perdido su oportunidad de presentarse ante semejante alfa.

— Nathan es hijo el alfa Harris de la manada Casta del Sur —el alfa Throne mencionó— Se ha ofrecido a cuidarte.

— ¿Vivirás aquí? —el rubio preguntó luciendo emocionado.

— Al menos durante unos meses —respondió.

— Los dejaremos para que puedan conocerse mejor — Emilda Throne, murmuro.

Louis se quedó pasmado, su mirada se había incrustado en el suelo, pues sus progenitores se acercaban a el— ¿No pudiste vestir un traje mejor? —su padre habló entre dientes— Me dijeron que has faltado al instituto, no puedes hacer ni una sola cosa bien.

— Lo lamento, padre. Llevó algunos días enfermo, la fieb-

— ¡No me interrumpas mientras hablo! —gritó llamando la atención de todos a su alrededor, incluso la de cierto alfa pelinegro.

— Cariño —la pelinegra apretó la mano de su esposo— No es momento.

— No hace falta tu presencia esta noche, retiraré.

El cuerpo del rubio temblaba de la impotencia que sentía en ese momento. Su padre paso por su lado, chocando su hombro de manera brusca y si Louis no se aparta hacia un lado, seguramente hubiera caído al suelo.

¿Humillado? ¿Avergonzado? ¿Triste? Tenía emociones mezcladas y sobre todo, las miradas de lástima clavadas en él.

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