Mundo ficciónIniciar sesión— Enserio ustedes son como dos gotas de agua —alguien murmuro a su lado, se giró encontrándose con un alfa de cabellos castaños— Oh soy Damian, mi hermano trabaja en tu casa, se llama Leol. Tu olor no es tan desagradable como dicen...
— ¿Qué quieres? —preguntó observando al alfa con expresión seria.
— Solo quería confirmar cuan parecidos eran los gemelos Throne—murmuro— Además de su aroma ¿Como se diferencian?
— Nuestros ojos —Louis respondió— Los ojos de Raylin son como dos esmeraldas.
— Los tuyos no están nada mal —el castaño sonrió mirando fijamente al omega.
— Como sea —musitó girando su rostro de nuevo hacia la ventana.
Llevaba alrededor de cinco horas en el instituto, ya había recibido un llamado de atención por haber faltado y no había servido de nada explicar que se encontraba enfermo, pues su madre no había querido decir la verdad cuando el director le marcó para corroborar su excusa.
Su hermano y Nathan no salían de sus pensamientos, todos en el instituto parecían saber el motivo de la llegada del alfa de la manada del sur y aquello empezaba a fastidiarlo. Y, además, empezaba a sentir una fuerte necesidad por percibir de nuevo el aroma exquisito del alfa pelinegro y no lograba entender el motivo.
— ¿Siempre eres tan arisco?
— Sigues aquí —el omega bufó.
— Me agradas —Damian asintió— Podemos ser amigos.
— ¿Por qué? —el rubio preguntó observando al alfa con detenimiento— Sé que eres el hermano de Leol, te conozco desde que éramos cachorros.
— Sin mentirte, mi hermano me lo pidió —murmuro recostándose en la silla— Pensé en negarme, pero me resultas interesante.
— No necesito un amigo —Louis se puso de pie— Menos si es alguien como tú.
— ¿A dónde vas?
— Terminaron las clases —murmuro recogiendo sus cosas— Además es lunes.
— Las clases terminan temprano por la reunión de comité —termino por el omega— Cierto.
Sin responderle al alfa, Louis se encaminó hacia la salida del aula, si Nathan iba a empezar a cuidar de su hermano, tenía la oportunidad de ver al alfa, aunque sea a la distancia. Estaba acostumbrado a las miradas de desagrado hacia su persona y su olor, lo que nadie sabía era que si por el fuera, haría hasta lo imposible por quitar ese horrible aroma de su cuerpo.
Llegando a la salida del instituto, el aroma de su hermano lo hizo casi correr, pero al llegar donde se encontraba el rubio, tuvo que esconderse de inmediato.
Raylin y Emannuel, besándose.
— Louis ¿cierto? —alguien preguntó a su espalda.
Casi sintió como su corazón palpitaba con rapidez en su pecho, el alfa pelinegro que tanto deseaba ver, se encontraba frente a el— A-Ah Nathan .
— ¿Has visto a tu hermano? —preguntó mirando fijamente a los ojos azulados del omega.
— N-No lo he visto —murmuro— No compartimos las mismas clases.
¿Como diablos se encontraba en aquella situación?
— Entiendo ¿Me ayudarías a buscarlo? —pidió con una sonrisa dibujada en su rostro.
— ¿Mis padres no te dijeron que debías evitarme a toda costa? —Louis quería desaparecer en ese preciso momento. No sabía por qué encubría a su hermano gemelo, pero debía impedir que el alfa pelinegro se topará con Raylin.
— La señora Throne me lo aconsejo —respondió asintiendo— Pero, yo decido a quien hablarle. Estoy muy grandesito para dejarme influenciar ¿No crees? Además, me pareces alguien agradable.
— ¿Agradable? —preguntó confundido.
— Así es, Louis —Nathan se cruzó de brazos— Aunque, no entiendo porque debería hacer como si no existieras, digo, eres el hijo del alfa líder.
— Créeme, eso no es nada importante para la manada —suspiró.
El rubio intentaba percibir el aroma de su hermano y este parecía estar mezclado con el de Emannuel.
— Entonces, me alegro no ser parte de esta manada —el alfa estiró su mano y por reflejo, Louis cerró los ojos— Tienes algo en el cabello —susurro.
Y el omega abrió sus ojos encontrándose muy cerca de Nathan .
Pino y lavanda, Louis quería enterrar su rostro en el cuello del alfa frente suyo, quería encontrarse desnudo bajo aquel fornido cuerpo, su mente imaginaba todos los escenarios posibles donde solo eran el y Nathan .
— Y-Yo...
— Oh Louis, que bueno que ya conozcas a Nathan —Raylin llegó a su lado— Lamento la tardanza, me encontré con Emannuel y nos quedamos conversando más de la cuenta.
— C-Claro —el pelinegro asintió.
— Mi madre me comento que te invitó a cenar a la casa.
— Si, acepte la invitación, espero no te moleste.
Y de nuevo volvía a ser invisible.
Los ojos de Nathan brillaban y su sonrisa; preciosa, era dirigida a su hermano.
¿Y si les contaba a sus padres sobre la relación entre su hermano y Emannuel? Louis, bajo la mirada y suspiró, como si fueran a creerle.
Nadie le creería a un omega defectuoso.
La conversación entre omega y alfa paso a segundo plano, pues el ojiazul ya se encontraba alejándose y como era de costumbre, ninguno lo había notado.
— ¡Hey, Louis!
— ¿Qué quieres? —preguntó una vez que Damian llegó a su lado.
— Debo ir a ver a mi hermano, entonces voy contigo —el alfa metió sus manos en los bolsillos de su pantalón— Voy a postularme como centinela, así que lo más probable es que me elijan para cuidarte —murmuraba.
— ¿Cuidarme? —preguntó mirando al castaño.
— Si, mi hermano me pidió que me postulará.
— Pero ¿Por qué?
— Bueno, yo solo deseo complacer a mi hermano —respondió levantando sus hombros— Raylin tendrá a un alfa cuidándolo, supongo que es algo que aplica para los gemelos.
— ¿Tú crees? —preguntó con ilusión.
— Si, seguro. El alfa no podría dejar a uno de sus hijos sin seguridad. Ya casi cumplen la mayoría de edad ¿no? Esa debe ser la razón.
Su madre había mencionado que quería celebrar la mayoría de edad de Raylin a lo grande y aunque no había sido incluido en la celebración, también era su cumpleaños, por supuesto que debía hacer parte, además, si las palabras del alfa Damian eran ciertas, debía agradecerle a su padre por pensar en su seguridad.
Faltaba alrededor de un mes entero.
Las miradas eran dirigidas hacia ambos, pues ver a un alfa caminando al lado de Louis Throne, era algo inusual.
— ¿Como te acostumbras a estas miradas?
— Todos se preguntarán que diferencia a los gemelos Throne—Louis asintió— ¿Como es capaz de caminar a su lado con su desagradable aroma? Eso deben estarse preguntando.
— ¿Como lo sabes? —el alfa observó a Louis confundido.
— A las personas les da igual murmurar en mi presencia, creen que porque ellos me ignoran y hacen como si yo fuera invisible, no voy a escucharlos —confeso.
— Debe ser frustrante —murmuro— Aunque no dudas en poner en su lugar a cualquiera, debe ser difícil si tu familia lo hace.
— Ya estoy acostumbrado a ser invisible. Desde que tengo uso de razón, él único que merecía atención y amor, era Raylin. Aunque me quejará, llorará, pataleará, yo no merecía nada de eso.
— Creí que eso era solo un rumor...
— Pues, no lo es —el omega le dio una mirada al castaño. Parecía asombrado, pero no reflejaba ninguna pizca de lastima en sus ojos.
— Tú aroma es diferente, whisky y madera, no muchos omegas huelen así —le sonrió— No es desagradable como murmuran por ahí.
— Al parecer eres el único que piensa eso, pero gracias Damian —Louis se detuvo e hizo una leve reverencia— Nunca nadie me había hecho un cumplido.
— Para todo hay una primera vez ¿No crees?
— Tal vez —musito.
— Es cierto que mi hermano me obligo a hablarte, pero ahora resulta que si estoy interesado en ser tu amigo —el alfa admitió— Nadie me obligará a ignorarte, pues tomo mis propias decisiones, entonces ¿Podemos ser amigos?
Pareció pensarlo unos minutos, Damian no parecía una mala persona, además su hermano Leol era un beta, amigable, alguien considerado.
Ninguno parecía una mala persona.
Damian Yensen. 20 años. Alfa.
Un alfa castaño que conocía desde que era un niño, pues desde que Leol Yensen había empezado a trabajar en la casa de los Throne, este ocasionalmente llevaba a su hermano menor por no tener con quien dejarlo en casa.
Era muy alto, poseía unos ojos color miel; preciosos. Aroma a maní y frutos secos, un alfa callado y poco sociable o eso había percibido.
— Podemos ser amigos —el rubio continúo su camino.
— Fantástico —el castaño murmuro llegando al lado del omega.
Aunque no sabía que era tan fantástico, ambos ingresaron a la casa principal de los Throne, la servidumbre hacía reverencia cada vez que pasaban y Louis simplemente se limitaba a asentir. Sentía el aroma de su madre provenir de la cocina, pero si iba a ser ignorado para que iba a molestarse en saludar.
Se giro hacia Damian e hizo una reverencia— Me despido aquí, supongo que te veré luego.
— Claro, iré a ver a mi hermano y luego vendré por ti para que hablemos con el alfa Throne ¿Te parece?
— Esta bien —murmuro no muy convencido.
Observo como el castaño se perdía entre los pasillos de la casa y de no ser por el aroma de su madre detrás suyo, ya hubiera subido las escaleras directo a su habitación.
—No creas que tu padre ha escogido un centinela porque de verdad nos preocupamos por ti —soltó con recelo— Lo hacemos para no crear rumores entre la manada. ¿Un solo gemelo con centinela mientras el otro esta en pelinegro?
— Madre...
— No me digas así —la mujer se cruzó de brazos— Ya suficiente tengo con aceptar que tengas un centinela a tu disposición, retírate.
Louis empuño sus manos y bajo la mirada, evitaría a toda costa que su madre viera como sus palabras dolían, como se incrustaban en su pecho con fuerza. Soltó todo el aire contenido y se giró, solo necesitaba encerrarse en su habitación, le diría a Damian que no era necesaria su presencia frente al alfa líder, Joseph Throne y podría llorar con total libertad.
Por otro lado, Damian empuñaba sus manos ¿Como era posible que la omega del líder Throne tratará a su propio hijo de esa manera? Al parecer, la familia Throne solo era una fachada, pues no eran tan perfectos como aparentaban.







