tres

Luego de haber sido humillado frente a la manada, Louis había abandonado la casa principal. Se encontraba en medio de árboles y oscuridad, no había caminado tan lejos para encontrarse en las montañas, pero agradecía que el bosque pudiera darle refugió al menos por unas horas.

La luna parecía estar en su máximo esplendor, los ojos del omega miraban fijamente al cielo estrellado y en sus mejillas, gruesas lagrimas se deslizaban.

— ¿Por qué me haces esto Luna? —preguntó en un hilo de voz— Si no iba a ser amado ¿Por qué me has traído a este mundo?

El sonido de las cigarras, el silbido del viento que soplaba entre las hojas, el zumbido de los mosquitos volando a su alrededor. Los sonidos que emanaban del bosque le permitían mostrar la vulnerabilidad que soportaba frente a la manada, frente a su familia. Y aunque la fiebre no había disminuido, aquel bosque sería su refugió para su solitaria noche.

— No creo que noten mi ausencia —susurró para si mismo.

Su padre le había pedido que se retirará, había cumplido con su petición y aunque la imagen de Nathan no se fuera de su mente, su orgullo se encontraba tan destruido como para permanecer en el mismo espacio del alfa.

Parecía como si el alfa Throne hubiera traído a su propio yerno a casa.

Pues claro que había escuchado a la servidumbre murmurar, el plan del alfa para juntar la manada sería todo un éxito.

Louis cerró los ojos, quizá necesitaba descansar un poco. Necesitaba asistir al instituto al día siguiente, en medio de la oscuridad escucho una leve risa y sus ojos se abrieron con rapidez. ¿Acaso lo habían seguido? ¿Querían hacerle daño? El omega se escondió detrás del árbol donde se encontraba recostado, abrazo sus piernas y espero a que alguien apareciera.

— No puedo tardar —alguien susurraba.

— Necesitaba estar contigo a solas, te extrañe tanto...

No podía ser cierto.

Quizá por encontrarse en el bosque no se había percatado, quizá por encontrarse más enfermo no había podido percibir los aromas. Louis se asomó por el árbol, podía distinguir dos siluetas a lo lejos, un alfa y un omega, parecían besarse con desesperación y sus ojos se abrieron por la sorpresa de descubrir quienes eran.

El aroma a jazmín y menta invadió su nariz, una arcada se formó en su garganta y volvió a esconderse tras el árbol.

— Espera —su hermano habló— ¿No hueles eso?

— Estamos en el bosque, Raylin —murmuró— Los aromas se mezclan.

— Tienes razón —el omega soltó una leve risa.

— Por qué ha tenido que venir ese alfa de la manada sur —la voz del alfa pareció molesta.

— Papá me pidió seleccionar a un centinela para que me cuide —le hizo saber— Piensa que al cumplir los 19 estaré en peligro.

— Sabes muy bien cuales son las intenciones del alfa Throne—el alfa suspiro— Planea unir a las manadas y eso es posible únicamente con una boda.

— No pienso casarme con nadie más, sabes que eres mi destinado —se podía escuchar el sonido de besos húmedos, Louis quería hacer un hueco en la tierra y meterse ahí— Eres mi alfa, Emannuel...

¿Emannuel?

Louis se tapó la boca ante aquella revelación.

¿Qué hacía su hermano junto a Emannuel? Se supone que ese alfa trabajaba como centinela de su padre, el alfa  Throne confiaba ciegamente en él pálido y una de las reglas era no emparejarse con los hijos del alfa líder.

— Debemos decirle la verdad a tu padre —Emannuel pidió— De no ser así, tendrás que unirte a ese alfa.

— Sabes que no podemos...

— Puede casarse con tu hermano, Louis aceptará.

— Mi madre no estará de acuerdo...

— Entonces ¿Te casarás con él? —preguntó con voz neutra.

— No lo sé, Emannuel.

Hubo un silenció que duró algunos minutos.

— Debo regresar —el alfa suspiro— Hoy debo hacer guardia.

Recostando su espalda en el árbol, Louis soltó todo el aire contenido en sus pulmones, quién diría que el perfecto Raylin Throne, el gemelo favorito, el amado por todos, tenía una relación prohibida con Emannuel Yang.

Suspiró negando, quizá no había sido una noche tan mala.

[❁]

Su espalda dolía a horrores y el olor del café le causaba un poco de nauseas. Había regresado a la casa hace unos diez minutos, necesitaba tomar una ducha, desayunar algo ligero y dirigirse al instituto. La fiebre no se había ido por completo, pero no podía faltar a las clases, no cuando estaba a punto de graduarse.

¿Qué haría luego de terminar el instituto?

Quizá irse lejos de la manada, recuerda cuando niño uno de los primeros deseos de Louis, era conocer la ciudad y como veía las cosas actualmente, lo más probable es que terminará desterrado, sería su oportunidad perfecta.

— Supongo que no luzco tan enfermo —comentó mirando su reflejo en el espejo.

Tenía enormes ojeras bajo sus azulados ojos, su nariz y mejillas se encontraban sonrojados y debía culpar al malestar. Suspiró y tomando su mochila, abandono la habitación para dirigirse a la cocina.

— Buenos días, joven Louis.

— Buenos días —el omega respondía.

La servidumbre acostumbraba a saludarlo cuando lo veían en los pasillos y aunque la mayoría no lograba disimular sus expresiones de sorpresa, sabía muy bien lo que todos pensaban.

Pues era normal que pensaran en su gran parecido con su hermano gemelo.

Cuando estuvo a punto de bajar las escaleras, un olor familiar llegó a el ¿Nathan estaba en casa? Pues el olor a pino y lavanda, parecía impregnar la casa del alfa líder de la manada. Se dio una mirada fugaz, no lucía nada mal, sus enormes ojeras combinaban con su ropa, llevaba una buzo blanco, totalmente holgado, unos jeans cortos que llegaban por encima de sus rodillas, unas zapatillas negras y aunque su cabello dorado se encontraba un poco desaliñado, no alcanzaba a verse mal. Bajo las escaleras nervioso, disfrutando del exquisito aroma del alfa Nathan .

— Si no es mucha molestia, señora Throne.

— Entonces te esperamos a la hora de la cena, Raylin estará muy feliz.

Entrando al campo de visión del alfa Nathan , se sintió demasiado intimidado, pues el pelinegro sonrió ante su presencia.

Algo que no sucedía desde hace muchos años.

— Raylin, buenos días —el alfa saludó a su dirección.

— Ni te molestes —la omega negó— Ese no es Raylin.

— ¿Qué? —preguntó confundido— Es cierto, su aroma diferente. No sabía que tenía otro hijo —comento mirando fijamente a Louis.

— Buenos días —murmuro soltando con total valentía— Soy Louis...

— Mucho gusto Louis —Harris sonrió— No te vi en la cena de anoche.

— Su presencia era insignificante —su madre bufó— Ni su nombre puede pronunciar bien.

Sintiendo sus mejillas arder por las palabras de su madre, camino rápidamente hacia la salida de la casa. No iba a quedarse ahí para ser humillado, no frente a un alfa tan guapo como Nathan . Cuando se encontró fuera de la casa, suspiró desanimado, con su progenitora en la cocina no tuvo tiempo de tomar su desayuno.

Tendría que esperar hasta llegar al instituto.

La sonrisa del alfa pelinegro, no salía de su mente y no podía evitar dar leves saltos, le había sonreído a el ¡Y sabía que no era Raylin! ¿Como podía ser tan precioso? Tenía a su lobo chillando de la felicidad en su interior y como no, que su presencia no fuera invisible para Nathan, era lo mejor que le podía pasar.

— ¿Ya sabes quien está cortejando a  Raylin Throne? —un beta cuchicheaba con un alfa.

— Todos lo saben —soltó una estruendosa carcajada— El hijo de Steven Harris, vino decidido a casarse con ese omega precioso y no lo culpo, también vendría desde lejos por un omega como ese.

— Espera ¿Ese no es Raylin? —preguntó abruptamente.

Y pudo sentir las miradas clavadas en el.

— No seas imbécil, su aroma es desagradable. Debe ser el gemelo no deseado —murmuro con burla.

— Oye, no seas así.

¿Nathan casarse con Raylin? Claro, había olvidado la conversación de su hermano con Emannuel la noche anterior.

Louis se preguntaba cuál sería la expresión de sus padres al enterarse de aquella relación.

¿Se sentirían decepcionados de él?

¿Desterrarían a Emannuel de la manada?

Pero sobre todo se preguntaba ¿Como se sentiría Nathan en medio de toda esa situación?

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