Mundo ficciónIniciar sesiónDudaba realmente de sentirse protegido por Damian, el castaño parecía esforzarse en su entrenamiento, sus expresiones empezaban a resultarle graciosas, pues parecía estar adolorido con los ejercicios que realizaba con Emannuel y los demás centinelas.
Y apenas era el primer día.
Louis observaba todo desde el balcón, pues en ese sitio tenía la vista perfecta hacía el patio de entrenamiento y de no ser porque se encontraba solo en casa, estaría encerrado en su habitación. Su madre había llevado a Raylin de compras y su padre, se encontraba de viaje, algo que era costumbre.
— Joven Louis —Leol hizo una reverencia— ¿Desea que le sirva el almuerzo?
— No, Leol —el omega negó— Gracias.
— ¿Tiene fiebre aún? —preguntó el mayor.
— Un poco —admitió tocando su frente levemente— O eso creo.
— ¿Me permite?
Las cortinas del gran ventanal del balcón se levantaron por la fuerte brisa que había arribado, Louis sintió cosquillas en su frente y como acto consiguiente, la mano áspera de Leol Yensen , se posó en su frente con suma delicadeza. Pareció que su corazón se había detenido, pues los sonidos a su alrededor se habían mitigado, su mirada se levantó hacia el beta, sus ojos se enfocaron en los labios del moreno y creyó haber enloquecido, pues la voz del hombre frente suyo, no llegaba a sus oídos.
Culpaba al viento por su sordera momentánea o quizá, debía culpar al beta por causar en su corazón tal reacción.
— ¡Hermano! —Damian gritaban desde el patio de entrenamiento —beta y omega se giraron hacia donde provenía la voz del alfa castaño, saludaba enérgicamente agitando su mano de un lado a otro— ¡He terminado el entrenamiento!
— Creí que no resistiría —el moreno murmuro ganándose la mirada de Louis— No me malentienda, joven. Amo con toda mi alma a ese cachorro, pero nunca ha sido fuerte físicamente, espero el entrenamiento le de la fuerza mental y física que necesita en la vida y que lo cuide —Leol sonrió dejando ver aquellos hoyuelos preciosos en sus mejillas, dejando a Louis taciturno— Venga a la cocina conmigo, necesita tomar medicina y descansar si desea que la fiebre se disperse.
— E-Entiendo...
Los sonidos regresaron a el de manera casi abrupta, tuvo que sacudir la cabeza para acostumbrarse nuevamente y empezó a seguir al beta. Louis no estaba acostumbrado al contacto físico con otras personas, mucho menos a que se preocuparan por el, como lo estaba haciendo él moreno en estos precisos momentos. El aroma de maní y frutos secos llego a su nariz y supo que Damian se encontraba a la casa.
— No deberías permanecer dentro de la casa por mucho tiempo —escuchaba a Leol — Tú aroma puede ser molesto para la señora Throne.
— Estoy por irme, hermano —el menor se quejó— Venía a despedirme de Louis, eso es todo.
— ¿Del joven Louis? —cuestiono.
— Así es —canturreó— Desde hoy somos amigos —comento sonriente— ¿Cierto? —preguntó en dirección al omega.
— Tiene razón —murmuro el rubio.
— Pues no suena muy convencido —Leol analizo la respuesta del omega.
— ¡Hermano!
— Solo bromeo, cachorro tonto —el mayor dejo un golpe en la frente de su hermano.
— Siempre haces lo mismo —comento sobando su frente.
Y era fascinante observar como el par de hermanos convivía, Damian parecía más hablador, más animado y parecía ser, que esa faceta la ocultaba estando en el instituto.
Louis sentía un poco de envidia, pues Raylin y el nunca compartieron momentos juntos.
En sus recuerdos puede ver a su madre tomando de la mano a su hermano, mientras el, sujetaba la mano da la niñera, mientras sus padres llevaban a Raylin a la ciudad, Louis debía quedarse en casa por “no tener espacio suficiente en el auto”. Recordaba ese tipo de situaciones, siempre debía quedarse en casa o siempre se ganaba los regaños, aunque el culpable de alguna travesura fuera el ojiverde, la culpa la tenía Louis.
Se había acostumbrado a eso.
— Aqui está la pasta, joven Louis —menciono entregándole una diminuta pasta y un vaso de agua— Deberá descansar lo que resta del día.
— ¿Está enfermo?
— Lleva casi cinco días enfermo, la fiebre parece no disminuir —le hizo saber a su hermano.
— ¿Y así fue al instituto? —preguntó mirando al omega.
— Debía asistir —el rubio murmuro luego de haber tomado la pasta— No podía seguir faltando a clases, menos cuando estoy a punto de graduarme, no quiero que terminen por expulsarme.
— Pero Raylin falta todos los días —Damian cruzo los brazos— ¿A él no lo regañan?
— Damian —el beta advirtió.
— Mi madre no corroboró mi excusa, así que si faltó de nuevo van a expulsarme.
— ¡Al diablo!
— Cachorro grosero —Leol le dio una mirada severa al alfa— No maldigas en esta casa, jovencito. Será mejor que regrese a su habitación, joven Louis, su madre esta por regresar y tú —apunto al castaño— Tendremos una conversación en casa.
Louis camino hasta las escaleras y se detuvo— Damian, gracias... —casi susurro sin mirar a los hermanos— Nunca había sido participe de una conversación entre dos personas, se siente distinto —pensó por unos segundos— Se siente cálido...
Y subió las escaleras hacia el segundo piso, no ingreso a su habitación de inmediato, se quedó unos minutos parado frente al ventanal del balcón y al observar cierta cabellera dorada se quedó pasmado. Nathan venía al lado de Raylin, ambos conversando e intercambiando miradas. Su vista viajo hacia el grupo de centinelas que se encontraban descansando en el patio y pudo percibir una mirada de tristeza en cierto alfa pálido ante la presencia de los recién llegados.
Emannuel parecía querer correr hacia el omega de cabellos dorados, parecía estarse conteniendo y simplemente empuñaba sus manos, el omega frente al ventanal observo como intercambiaba palabras con otro alfa y empezó a caminar en dirección al bosque.
Suspiró sintiendo su corazón oprimirse, Raylin se despedía de Nathan, el alfa parecía confundido, su entrecejo fruncido, su mirada fría. Parecía que los planes de que el centinela se quedará a cenar habían cambiado, pues este le dedicó una ultima sonrisa a su gemelo y le dio la espalda, alejándose de la casa.
Su lobo le pedía ir detrás del alfa pelinegro, pero la noche empezaba a arribar y con la fiebre dudaba que Leol le permitiera salir. Sentía en su garganta un nudo y cuando Nathan estuvo fuera de su campo de visión, miro al cielo nublado e ingreso a su habitación.
[❁]
— Creí ver al señor Raylin, pero al parecer me he equivocado —su hermano murmuraba observando hacia la puerta.
— No te equivocas, hermano —suspiré— Ese alfa de la manada Sur y Raylin estaban en la entrada hace unos segundos. El aroma de ese omega, es inigualable.
— Entonces ¿Se habrán ido juntos de nuevo?
— Tal vez —murmuró sin interés— Por cierto, hermano ¿Louis no suele salir de esta casa? —preguntó mirando a su hermano.
— No lo hace —respondió pensativo— Las únicas veces que lo he visto salir es cuando se dirige al instituto.
— Pero tengo entendido que el alfa líder lleva a su familia a la ciudad al menos tres veces al mes.
Su hermano suspiro y se apoyó en el mueble de la cocina— El joven, Louis siempre permanece en la casa. No sabes lo difícil que es ver como lo consume su soledad. Es un omega callado, no está acostumbrado a las muestras de cariño y lo viste hoy, tampoco está acostumbrado a conversar —Leol se cruzó de brazos— Desde que trabajo para el alfa líder de la manada, no he podido entender ¿Por qué rechazan al joven de esa manera? ¿Qué tiene de especial el señor Raylin? Ambos son idénticos.
— Ese Raylin no debe ser tan perfecto como todos dicen —murmuro— Sé que me pediste que me volviera amigo de Louis, lo hice por complacerte, pero ahora realmente quiero ser su amigo.
— Tae...
— Detesto ver como lo rechazan en el instituto solo por su aroma, su aroma a whisky y madera es agradable, a mí me gusta —el castaño suspiro.
— ¿Mi cachorro se ha enamorado?
— No digas bobadas, hermano —Damian se sonrojo— Solo, me cansé de ser un espectador ¡Y deja de decirme cachorro!
— Como digas, cachorro —el mayor observo a su hermano con una sonrisa.
— No puedo contigo —el alfa giro los ojos— Iré a casa, David debe estar esperándome.
— Dile que hoy llegaré algo tarde —Leol camino hacia su hermano menor— Ten cuidado y por favor, toma una ducha al llegar a casa, hueles a perro mojado.
— Si, si, como digas —bufó.
Al salir de la casa, sin duda podía percibir el aroma de Raylin Throne, el castaño le dio una mirada al ventanal del segundo piso con la esperanza de ver al rubio ojiazul, pero al no verlo decidió irse por fin a casa. Metió sus manos en los bolsillos de su pantalón, parecía que una fuerte lluvia se avecinaba y odiaría llegar empapado a la casa.
Los árboles de balanceaban con fuerza debido al viento, el bosque parecía todo menos un lugar seguro para estar en ese momento y quiso pensar que estaba enloqueciendo al percibir cierto aroma a jazmín y menta que todos en la manada amaban.
Damian era un alfa demasiado curioso, había sido criado por su hermano mayor y David, quién era la pareja de Leol . Desde niño se consideraba afortunado, pues era amado, consentido y pensaba que no le faltaba nada en la vida, si tenía a su hermano a su lado. Para el alfa castaño, Leol Yensen era su adoración y no lo negaba ante nadie. Como un “Cachorro” curioso, decidió dirigirse al bosque siguiendo su instinto, esperaba equivocarse y estuvo a punto de regresar por su camino de no ser por ciertos gritos que escucho a lo lejos.
Alguien parecía discutir, camino con total cuidado, pues no quería pisar alguna rama y se descubierto, también esperaba que su aroma no lo delatará.
— ¡Eres un maldito!
— Emannuel...
— ¿Como te atreves a ir de la mano con ese alfa? —reclamaba— ¡Eres mío! Tú eres mío, Raylin ¿Entiendes?
— No tengo elección —el omega sollozaba— Mis padres van a desterrarte ¿Acaso eso es lo que quieres?
— Si te tengo a mi lado, ser desterrado no me importa —Emannuel yacía enfurecido— O ¿Acaso no me amas tanto como yo a ti?
— N-No digas eso... Eres mi destinado...
— Entonces, escapemos juntos —pidió— Dame unas semanas para encontrar un lugar y podemos irnos ¿Qué te parece? Podremos ser libres, vivir sin preocupaciones, solo tú y yo, como siempre hemos querido...
Damian se encontraba pasmado, se encontraba acuclillado, escondido detrás de un árbol.
— Esta bien —Raylin accedió— Escapemos juntos...
Una gota cayó en la mejilla del alfa castaño y creía que esa era su señal para dirigirse a casa.
Se encontraba conmocionado, pero sus pies actuaron de manera rápida y empezó a alejarse a pasos grandes hacia la salida del bosque.
No miro hacia atrás.
Simplemente siguió su camino, hasta llegar a casa y suspiro de alivio al no encontrarse completamente empapado y pensaba ¿Debo contarle lo sucedido a Louis o a su hermano?
Quizá debía encontrar un buen momento para contar lo que había escuchado, nunca imagino a él perfecto Raylin, siendo destinado de Emannuel Yang; él centinela de confianza del alfa líder y esperaba que nada malo resultará de aquella unión.







