Oscuridad.Ni una sola estrella iluminaba el inmenso cielo, el viento hacía danzar a las hojas, el zumbido del viento hacía vibrar su cuerpo y a la distancia, lo escucho.El aullido evocando la soledad, la tristeza, el rechazo. Un aullido que le resultaba familiar y cuando menos lo pensó, se encontraba caminando a pasos rápidos hacia el dueño de tan lamentable llanto. Era como si lo llamará, como si pidiera que lo encontrará, que lo consolará.Louis llegó a la ribera del río, la luz de la luna iluminaba a un inmenso lobo de pelaje blanco como la nieve, aullaba a la luna de manera nostálgica; destrozado. Y se quedó perplejo ante tal imagen. ¿Por qué sentía en su corazón intranquilidad? ¿Por qué sus ojos ardían?El lobo parecía sumergido en sus emociones, porque no se percató de la presencia del ojiazul, por el contrario, Louis no quiso dar ni un paso más, no quería parecer insensato ni interrumpir.— Él es nuestro destinado —alguien susurro a la distancia...Y no se quiso molestar en b
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