El aire del templo se volvió pesado, cargado de un olor metálico que erizó la piel de Eliana. El círculo de símbolos ardía bajo los pies de Veyron, y de las grietas emergieron figuras retorcidas. Primero, sombras informes. Luego, cuerpos musculosos que se estiraban, desgarrando su propia piel en medio de crujidos horribles.
Los aullidos rompieron el silencio, tan potentes que hicieron vibrar las piedras suspendidas. Ojos dorados, colmillos afilados y garras como cuchillas se revelaron en la pen