El rugido estremeció el templo, pero no era el alfa aún. Una de las bestias secundarias, más pequeña en comparación con su líder, se adelantó con una ferocidad inhumana. Su pelaje oscuro estaba impregnado de cenizas, y sus ojos brillaban con un odio que parecía casi consciente.
Dracovish se colocó frente a Eliana, desplegando sus alas sombrías. Kael, a su lado, blandió la lanza envuelta en destellos de luz. Por un instante, sus miradas se cruzaron: enemigos naturales que se veían obligados a pe