El piso de Jesús y Sara es bastante amplio, pero poco luminoso, cosa que hace que se vea más pequeño de lo que realmente es. Numerosos libros reposan apilados en las estanterías del comedor. Observo cómo no hay ni una sola mota de polvo. Sara debe ser muy cuidadosa y pulcra.
Me intento acomodar en el sofá, pero estoy muy tensa. Mi espalda está muy dura, y me duele el cuello que procuro no mover.
Toni se sienta a mi lado, mientras oímos cómo Jesús está hablando por teléfono con algún compañero