La mañana llegó con un golpe seco en la puerta de sus aposentos. Liria, quien apenas había conciliado el sueño tras horas de dar vueltas entre las sábanas, se incorporó sobresaltada. Antes de que pudiera responder, Elva entró con paso apresurado.
—Mi señora, debéis prepararos de inmediato —anunció la doncella mientras abría los pesados cortinajes, permitiendo que la luz grisácea del amanecer invadiera la habitación—. El rey ha solicitado vuestra presencia en el Salón de los Escudos.
Liria parpa