La luz del atardecer se filtraba por los ventanales de la biblioteca, proyectando sombras alargadas sobre los antiguos volúmenes. Liria permanecía sentada en el alféizar, con el colgante que su madre le había entregado antes de partir de Ervenhall entre sus dedos. Lo había llevado consigo todo este tiempo, oculto bajo sus vestidos, como un último vínculo con su hogar.
El medallón de plata, pequeño y discreto, mostraba un grabado que siempre le había parecido un simple adorno floral. Sin embargo