La nieve caía con furia sobre Norvhar, como si el cielo mismo quisiera sepultar el castillo bajo un manto blanco. Liria observaba desde la ventana de su torre cómo los copos se arremolinaban, formando pequeños torbellinos antes de desaparecer contra el cristal. El invierno se aferraba con uñas y dientes a estas tierras, negándose a ceder ante la primavera que ya asomaba en otros reinos.
—Igual que yo —murmuró para sí misma—. Aferrada a este lugar que no me pertenece.
El reflejo en el cristal le