Julia se bajó del taxi frente al modesto edificio de apartamentos donde Sofía solía refugiarse cuando las jornadas en la oficina se hacían eternas. Con una mueca de asco, observó la fachada desgastada. Para ella, ese lugar era el símbolo de la mediocridad de Sofía, una prueba de que, a pesar de los millones de Eric, Sofía nunca había sabido "pertenecer" a la élite.
Al entrar, descubrió que la puerta del apartamento estaba entornada. No había nadie. El lugar estaba tan pulcro y vacío como el est