El teléfono de Eric no dejaba de vibrar sobre el escritorio de caoba, pareciendo un insecto atrapado en una caja de cristal. No eran los inversores alemanes; era el banco. El director de cuentas de Imperial Holdings exigía una explicación inmediata sobre la caída del sistema Hades. Sin el algoritmo operativo, la valoración de la empresa se estaba desplomando en tiempo real.
—¡Diles que es una actualización programada! —le gritó Eric a su secretaria de planta, una mujer que temblaba bajo su mira