El estudio de Eric olía a una mezcla rancia de coñac y lluvia. El sonido del agua golpeando los ventanales era lo único que llenaba el silencio hasta que Eric, temblando por el frío y la paranoia, soltó la acusación.
—Te vi en el invernadero con ese hombre, Julia. Sé lo que vi.
Julia no retrocedió. No hubo un parpadeo de culpa, ni una gota de sudor. En lugar de eso, cerró la puerta del estudio con una lentitud deliberada, dejando el resto de la casa afuera. Caminó hacia Eric, dejando su taza de