La oficina de Eric era un caos de papeles y tazas de café vacías. Eran las tres de la mañana, pero el brillo azul de los monitores proyectaba sombras fantasmales sobre su rostro desencajado. A su lado, Mark, el jefe de técnicos, sudaba frío mientras sus dedos volaban sobre el teclado. Julia estaba sentada en el sofá de cuero, observando con una mezcla de ansiedad y aburrimiento, aferrada a la carpeta con las "pruebas" falsas que había plantado en el apartamento de Sofía.
—¡Lo tengo, señor! —exc