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Capítulo 2: La sirvienta con título de secretaria

Los días siguientes fueron un descenso lento al infierno. La mansión que Sofía había ayudado a pagar se convirtió en el escenario del "renacimiento" de Julia. Julia no solo ocupó la habitación principal; ocupó el tiempo de Eric, sus pensamientos y, pronto, también intentó ocupar el espacio profesional de Sofía.

Esa mañana, Sofía bajó con su portátil, lista para ir a la oficina. Necesitaba terminar el parche de seguridad para la licitación del puerto, un contrato de cincuenta millones de dólares. Pero en la cocina, la escena la detuvo en seco. Julia estaba sentada en el regazo de Eric, desayunando los panqueques que, hasta hace una semana, eran la tradición de domingo de Sofía.

—Sofía, qué bueno que bajas —dijo Eric, sin soltar la cintura de Julia—. Julia quiere involucrarse en la empresa. Dice que su título en Relaciones Públicas está desperdiciado. He decidido que a partir de hoy, ella te acompañará a la oficina.

—¿Relaciones Públicas? —Sofía dejó su bolso sobre la encimera—. Eric, Julia no sabe nada de arquitectura de datos. Estamos en medio de una transición crítica del sistema Hades. No tengo tiempo para hacer de niñera.

—¡Eric! —chilló Julia, ocultando su cara en el cuello del hombre—. Solo quiero ayudar. Sofía parece tan estresada... quizá si yo me encargo de las reuniones, ella puede quedarse en el sótano con sus computadoras, donde nadie la moleste.

Eric asintió, besando la frente de Julia. —Es una excelente idea. Sofía, dale tus claves de acceso a Julia. Ella se encargará de la presentación con los inversores de esta tarde. Tú quédate aquí, en casa. He notado que el jardín está descuidado y la señora de la limpieza no puede con todo desde que Julia trajo sus baúles.

—¿Me estás pidiendo que falte a la presentación de mi propio proyecto para cuidar el jardín? —Sofía sentía que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—No es "tu" proyecto, Sofía. Es de Imperial Holdings. Tú eres la arquitecta, sí, pero yo soy el dueño. Y como dueño, decido que tu cara no es la que quiero mostrar hoy a los inversores. Julia tiene clase, tiene contactos... tú tienes ojeras y siempre hueles a café recalentado. Haz lo que te digo. Quédate aquí, organiza la cena de celebración para cuando volvamos con el contrato firmado y asegúrate de que el vestido de seda de Julia esté planchado.

Sofía apretó los dientes hasta que le dolió la mandíbula. Miró a Eric, el hombre por el que había sacrificado su propia firma de consultoría, el hombre al que amaba. No reconoció al monstruo en el que se había convertido. O quizás siempre fue así, y ella solo fue la herramienta que él usó para subir.

—Está bien, Eric —dijo Sofía con una calma que debería haberlo asustado—. Me quedaré. Prepararé todo.

—Así me gusta. Sabía que entenderías tu lugar —respondió él, levantándose y dejando a una Julia sonriente en la silla.

Cuando escuchó el coche salir, Sofía no fue a buscar la plancha. Fue al estudio y cerró la puerta con llave. Abrió su computadora personal, una que Eric despreciaba por ser un modelo antiguo. Sus dedos volaron sobre el teclado.

—¿Quieres que Julia haga la presentación? —susurró para sí misma—. Adelante. Veamos cómo explica por qué el sistema Hades se bloquea cada vez que alguien intenta acceder sin mi huella digital biométrica.

En la pantalla, una barra de progreso comenzó a cargarse: PROYECTO ECLIPSIS: INICIADO. Sofía no solo iba a irse; iba a dejar que Eric viera cómo su imperio, construido sobre los hombros de una mujer a la que llamaba "secretaria", se convertía en cenizas. Solo necesitaba una salida, y sabía exactamente a quién llamar: el único hombre que Eric odiaba más que a la pobreza. Elliot.

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