SILVANO DI SANTIS
La mañana transcurría con normalidad. El café estaba servido, los informes entregados, y la agenda de la señorita Adeline organizada al milímetro. Había llegado temprano, como siempre. Nadie lo notaba, pero cada papel, cada marca, cada color tenía una intención: facilitarle el día, mantenerla en orden, cuidarla… desde el silencio.
Ella llegó acompañada del señor Moretti. Ambos sonreían. Él tenía esa expresión relajada que solo mostraba cuando la tenía cerca. Y ella… bueno, ell