AUGUSTO DE FILIPPI
Después de ver a mi cuñadita toda furiosa caminar rápido, seguida de cerca por Josh —que con un solo paso de sus piernas largas ya la alcanzaba—, volteé hacia Lucy y acaricié su rostro.
—Vamos a pasar el día juntos.
—Como cada día —respondió ella con una sonrisa.
—No. Pasaremos el día juntos, los dos solos.
Sus ojitos se llenaron de luz y me sonrió.
—Pero Lucien no nos va a dejar.
—Ya hablé con él. Está todo listo. Pasaremos el día recorriendo Milán, solo tú y yo.
Lucy sonrió